MI FILOSOFÍA DOCENTE





Los niños y niñas de 3 años 
Durante estos casi 25 años que llevo en el mundo de la Educación, nuestra sociedad, la escuela, los docentes y sobre todo los alumnos y sus familias han ido cambiando. Estos cambios se han producido de forma tan vertiginosa que muchas veces no nos ha dado tiempo a adaptarnos a los nuevos tiempos y a la nueva forma de entender la educación.
Alumnos de 3º pintando el Guernica
Nuestros alumnos se incorporan cada vez más pronto al mundo educativo, lo que conlleva ese trasvase de competencia educativa de los primeros años de la familia a la escuela. La etapa de educación Infantil es decisiva para modelar hábitos y valores en los futuros escolares. Es aquí donde se debe realizar un gran esfuerzo por iniciar e implantar las bases de estos futuros escolares de primaria. Desarrollar todos sus talentos y alentar a potenciar sus cualidades es uno de mis principios filosóficos. 
Segundo principio: Esta escuela debe de ser una escuela acogedora donde cualquier alumnos sea bien recibido independientemente de su condición social o económica, cultura y religiosa. Los alumnos con necesidades educativas son las que centran mi prioridad porque son los que más ayudan van a necesitar para integrarse de una forma normalizada en esta sociedad tan competitiva. Todos los alumnos son capaces de ir aprendiendo, cada uno a su medida y velocidad. Debemos ser capaces de pautar tiempos de aprendizajes individualizados que les permita madurar y alcanzar sus objetivos.

Como profesora de primaria, he intentado y conseguido en estos años, incorporar diferentes prácticas pedagógicas en el aula que permita a los alumnos de estas edades desarrollar destrezas de pensamiento, habilidades y rutinas, que les ayude mejor a aprender a aprender.


He observado como los estilo de aprendizaje de mis alumnos iban determinando mi manera de enseñar, y cómo a raíz de mi adaptación a las necesidades mis alumnos mejoraban su rendimiento y eficacia. Esto ha determinado un tercer principio que creo necesario infundir en las aulas actualmente: El profesorado debe adaptar su estilo de enseñanza a las necesidades y estilos de aprendizaje de sus alumnos. No debe sentirse amenazado ni atado a un libro de texto que le afixia con una temporalización cerrada y absurda. Un buen profesor debe estar abierto a experiencias que surgen en el momento, saber reconocerlas y aprovecharlas para el aprendizaje de sus alumnos.
Como Directora Pedagógica siempre he apostado por el cambio y he ido intentando adaptarme a cada una de la múltiples leyes de educación que he ido sufriendo. Pero ahora el cambio que se demanda es mucho más profundo para que los procesos de enseñanza-aprendizaje sean lo más fructíferos posibles y permitan a los alumnos transformar y adaptarse al mundo en el que viven.
Para ello es necesario generar una serie de hábitos de trabajo basados en el esfuerzo, la eficacia y la experiencia que les permita ser conscientes de su trabajo, del mejor modo de aprender y de cómo poder ir corrigiéndolo a medida que se desarrolla. 
Hace falta una cultura entre el profesorado que permita encontrar nuevos cauces de transmisión de los contenidos pero permitiendo que el desarrollo de los desempeños sea una prioridad en el aula; una cultura de evaluación diferente basada en los logros de los alumnos y su proceso de maduración personal; y por último, una cultura basada en la necesidad de una formación permanente y continua que les haga crecer como profesionales.
Termino con una frase que este año dijo Jose Antonio Marina con motivo de la inauguración del curso y que resume todo lo dicho anteriormente:

"Todo niño tiene derecho a experimentar el éxito merecido"